Edison Toro: el sepulturero de los medios públicos

El cinismo es la impronta de este gobierno: el ministro de Salud diciendo que en Quito no pasa nada y la ministra de Gobierno asegurando que nunca hubo reparto.

Fiel a ese estilo aparece en escena el gerente sepulturero de los Medios Públicos, Edison Toro.

Ese es un rol que le ha asignado Andrés Michelena por segunda ocasión. Primero se encargó de enterrar a la Superintendencia de Comunicación (un organismo que ya muchos extrañan ante el descontrol de los medios).

Y ahora hizo lo propio con los medios públicos.

Toro conduce una empresa a la deriva donde él solo recibe órdenes y le queda solo el triste papel de dar la cara. Primero despidió a todo un personal en el extinto diario El Telégrafo.

Media hora después rectificaron haciendo el ridículo una vez más.

Luego, en una rueda de prensa, con un descaro increíble, Toro aseguró que los medios públicos continúan.

Eso sí, la nómina de empleados pasa de 600 a 100, es decir 500 despidos.

Seguirán funcionando la radio pública, TV y los diarios, pero solo como versión digital. Ya no se imprimirán y todo el mundo sabe que en Ecuador ese es el paso previo a la extinción definitiva.

Pero eso es algo que ya pasaba desde marzo y que Mesa Servida lo advirtió. Ellos lo ocultaron.


La pregunta es ¿se puede hacer tres medios con 100 personas? Por supuesto que no, pero el cinismo no tiene vergüenza ni miedo al ridículo.

Que clase de canal o emisora se hace con 100 personas. Pues uno que solo reproduzca información oficial y boletines de prensa. Y aún así Toro dijo que los medios públicos serán la BBC de Sudamérica. Una declaración que comprueba nuevamente que el Gobierno concibe a los ecuatorianos como una masa de ignorantes.

Toro decía que los medios públicos ya no harán propaganda. Habría que mostrarle los reportajes de El Telégrafo diciendo que Ecuador es uno de los países que mejor ha manejado la pandemia.

Los medios públicos han muerto, solo que no tienen el valor para decirlo porque saben que eso los coloca como los destructores del Estado ecuatoriano.

Lo que quedará ahora es una TV que apenas haga noticieros y el resto del día transmita videos musicales.


El Telégrafo quedará como una página web y es el gobierno de Lenín Moreno que le pone fin a un periódico de más de 100 años de antigüedad.


Adiós a los medios públicos, que por cierto nunca fueron públicos 100%, pero es el deber democrático de cualquier sociedad aspirar a tenerlos. Estos medios son el contrapeso a los grupos mediáticos privados, que junto a Moreno han gobernado en los últimos tres años.

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