Protestas diarias en el centro de Guayaquil

El centro de Guayaquil hierve: la avenida 9 de Octubre es escenario de protestas diarias. Si no son los profesores, son otros trabajadores públicos, pero cada semana hay una nueva movilización.

En las marchas también hay los proveedores del Estado, los extrabajadores de los medios incautados los jubilados militares, o las clínicas de diálisis y sus pacientes.

Cada uno va con su marcha respectiva y con pancartas, pero el reclamo es el mismo.

Exijen pagos puntuales tras días o meses de atrasos que los coloca al borde de la miseria.

En tiempos de pandemia y de Lenín Moreno, pasar de la clase media a la pobreza es cuestión de días, o de horas.

Como en los 90 o en los 80, los manifestantes han aprendido una lección: quien no reclama se queda al último en la cola de pagos. Y eso significa hambre; las ollas vacías no aguantan más ni tampoco el país de Moreno.

En días pasados, el “presidente” se reunió con su equipo económico esta misma semana en Guayaquil para celebrar tres cosas: un acuerdo con el FMI, que el Riesgo País bajó y que la calificadora de riesgo internacional Standard and Poors mejoró la calificación de la deuda pública ecuatoriana.

Es la muestra de que los mercados internacionales respaldan al gobierno y lo hacen porque ellos sí han recibido sus pagos puntuales.

Champagne en el último piso del edificio del Gobierno del Litoral, donde tiene oficina Moreno.

Pero abajo, en la calle no hay nada que celebrar. La informalidad se confunde con emprendimiento y la lucha por no caer la pobreza se llama “reactivación económica”. Eso son los términos que usa la mafia mediática.

Mientras los medios se ocupan en el caso Sobornos, en el registro de candidaturas, o en la alianza entre Jaime Nebot y Guillermo Lasso, el desempleo se expande con fuerza radiactiva.

Moreno promete ponerse al día con el préstamo del FMI de $ 6.000 millones. Pero se trata solo de abrir un hueco y tapar otro.


Quedan aún largos meses de Ecuador en manos de Lenín Moreno y María Paula Romo. Y el país no aguantará tanto tiempo porque nada frena el deterioro. Y eso ocurre porque el “presidente” no puede ya gobernar.

Convertido en florero, ni siquiera puede emitir decretos, peor hacer aprobar leyes de urgencia económica. Intentó por decreto cobrar impuestos de manera anticipada y la Corte Constitucional se lo tumbó; en la Asamblea ni se diga. Su presidente, el oficialista César Litardo la tiene secuestrada y una gran mayoría pide a Romo (la interlocutora con el Ejecutivo) que se vaya a la casa. Con esas condiciones políticas es imposible hacer aprobar leyes.

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