Romo se distancia de sus viejos aliados

Convertida en una especie de presidenta de facto, María Paula Romo entró a una nueva fase en sus ansias de poder.

A la ministra de la Política no le importa que prácticamente toda la Asamblea le haya pedido que se vaya a su casa.

Tampoco le afecta que la señalen como la cabeza de la mafia política que repartió los hospitales y que le ha costado 30.000 muertos al país producto de la pandemia.

Mucho menos aún se inmutó por la represión de octubre de 2019, tanto que puede posar con una blusa con un estampado de una mujer sin un ojo y al mismo tiempo sonreír.

Romo es casi una presidenta de facto porque ella primero dice que se queda en el cargo, luego viene el tuit del “presidente” Lenín Moreno.

Él es un presidente entre comillas porque Moreno ha quedado reducido para básicamente dos cosas: leer discursos para brevísimas cadenas nacionales o hacer relaciones públicas en actos de entregas de dos casas o bonos.

Moreno es como esos jefes de estado europeos: solo están para el protocolo.

Quien gobierna es realmente Romo, que vendría a ser la primera ministra. Pero ese sistema no hay en Ecuador y de allí el título de presidenta de facto. Por lo general en el país y en el resto de Latinoamérica, el presidente es quien gobierna.

Con la seguridad de que su dominio sobre el Gobierno es total, tanto que puede enfrentarse a la nueva vicepresidenta María Alejandra Muñoz, ahora Romo pasa al ataque frontal con quienes fueran sus aliados: los fundadores del portal de infoentretenimiento La Posta.

Ese portal encabeza la rebelión mediática contra el Gobierno. En un primer momento Romo optó por el silencio, al menos de frente porque probablemente los trabajos tras bambalinas nunca se detuvieron.

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