Ola de delincuencia evidencia el fracasos en el manejo de la seguridad ciudadana de la era Romo

El número de homicidios y robos se elevaron durante los dos años que María Paula Romo estuvo al frente de la Policía. Ni siquiera el confinamiento detuvo el incremento de la inseguridad.

María Paula Romo
María Paula Romo en su último acto con la Policía como ministra de Gobierno.

El jueves fue un día difícil en Guayaquil. Asesinaron a un guardia de seguridad, robaron un banco, asaltaron un local de comidas en la Víctor Emilio Estrada, secuestraron a un hombre en Lomas de Urdesa y la jornada terminó con otro homicidio en Sauces.

Es uno de los legados que deja la destituida María Paula Romo: unos índices de inseguridad ciudadana que no dejan de crecer.

No solo son las cifras; sino que el crimen supera límites que Ecuador nunca había visto. Caen los santuarios como el asesinato en un restaurante de la Puntilla. La violencia llega a extremos de balear indiscriminadamente una matiné de niños o un partido de fútbol.

Cuando se despedía, Romo celebraba sus dos años y dos meses en el Ministerio de Gobierno. En seguridad estas son sus cifras.

De enero a octubre de 2019 se registraron 963 homicidios. En el mismo periodo de este año esa cifra fue de 1.049.

La tendencia es la misma en los otros delitos. Según las cifras del propio Ministerio de Gobierno, en 2018 hubo 984 robos a domicilios; en 2019 ese número aumento a 1.031.

En 2018 se contaron 2.439 robos a personas, mientras que en 2019 hubo 2.724. En cuanto a robo de vehículos el crecimiento es de 4.714 a 5.650.

Según los datos de lo que va de 2020, los tres delitos van a crecer pese al confinamiento de marzo, abril y mayo. Ni la pandemia detuvo a la delincuencia.

Es que mientras las bandas y los ladrones se armaban, Romo repartía hospitales para acumular poder político y lograr una mayoría legislativa que le permita a Lenín Moreno sobrevivir hasta mayo de 2021.

Ahora se sabe que la ciudadanía no solo pagó con sangre la venta de su sistema sanitario, sino que la matanza sigue por culpa del hampa.

Antes de Romo había un Ministerio del Interior que se ocupaba únicamente de la seguridad ciudadana y una secretaría de la Política que hacía eso: política.

Moreno, con su obsesivo afán de reducir el Estado, fusionó las dos carteras y se la entregó a la todopoderosa Romo bajo el paraguas de Ministerio de Gobierno.

Y aunque ella tuiteaba todos los días sobre los resultados de la Policía, en números, su gestión fue un desastre.  Politizó al máximo a la Policía porque la entidad tiene un comandante que no deja de lamentar la partida de su ministra y agradecerle por la promesa de la Universidad.

Durante las intervenciones que hizo Romo, primero ante la Comisión de Fiscalización y luego ante el Pleno de la Asamblea, apareció a arropada por el mando Policial. Suerte la suya que tiene policías que se preocupan por ella, porque el resto del país está en manos de la delincuencia.

A eso se suma el atroz silencio mediático. ¿Dónde están Jaime Nebot y los socialcristianos que tienen como bandera de lucha la seguridad ciudadana? Mudos, tanto que Cynthia Viteri dijo que quiere que el nuevo ministro de Gobierno siga la línea de su antecesora.

Ya no hay marchas blancas, ni indignación mediática. No hay reportajes grandilocuentes sobre inseguridad ciudadana acompañados de bandas sonoras que asustan como antaño. Es que no se puede decir eso, porque el objetivo es proteger a toda costa al Gobierno, así sea dejando a la población a merced de las bandas delincuenciales. (O)

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