Más vacunados VIP: Gerente de Teleamazonas y León Roldós

Las vacunas VIP también llegaron para las parejas de los ministros. Juan Carlos Zevallos rompió el silencio y reconoció errores en el proceso.

Edificio de la sede del canal Teleamazonas, en Quito.

Nunca antes había quedado tan nítida la corrupción que pudre a los medios de comunicación ecuatorianos y que han servido de sostén al gobierno de Lenín Moreno.

La vacunación VIP pone en evidencia sus prácticas clientelares con el Gobierno. El discurso que pregonan contra la corrupción solo es una herramienta para conseguir objetivos económicos o políticos específicos.

Los radiodifusores Diego Oquendo y Gonzalo Rosero se vacunaron contra el Covid-19 antes que el personal que atiende en la primera línea. El abogado de este último llegó a decir que Ecuador le debe mucho al comunicador porque gracias a él hay democracia. Justamente si rigiera democracia no existiría el privilegio que le permitió saltarse la fila y vacunarse antes que los médicos.

Según La Posta también se vacunó la familia de Sebastián Corral, gerente de Teleamazonas. Lo hizo el 21 de enero apenas llegaron las primeras dosis al país. Ahora tiene sentido por qué Corral pedía a la gente dejar de quejarse y pedir la lista de vacunados; él era uno de los beneficiarios directores de esa operación clandestina.

Teleamazonas es la punta de lanza de la comunicación oficial en la era de Lenín Moreno y paradigma de la corrupción que carcome a los medios de comunicación. Su agenda se estructura según los intereses de Fidel Egas, dueño del Banco Pichincha; del Gobierno y los mandos medios del propio canal (incluido Corral). Al haber muchos amos, el periodismo resulta sacrificado en los noticiarios de la emisora.

¿Quiénes son las fuentes de los medios envueltos en la vacunación VIP? Pues más vacunados VIP y con eso se cierra el círculo de la corrupción. La Posta revelaba que León Roldós estuvo entre los 500 vacunados del Club Rotario de Samborondón.

Y dentro de ese grupo no solo había personas de la tercera edad, sino jóvenes, con lo que se cae el discurso de que se trataba de población vulnerable. En realidad era un acto de corrupción masiva ambientada con sonido de saxo.

El mismo discurso se le cayó al gobierno sobre los ministros vacunados. Porque resulta que no solo ellos se inmunizaron sino también sus parejas.

Desde el autoexilio en Estados Unidos, el exministro de Salud, Juan Carlos Zevallos, envió una carta al país donde reconoció errores en la vacunación pero los justificó porque según él era un proceso complejo. Con esas palabras trató de encubrir un tráfico de influencias.

Más allá de si el proceso judicial avanza o si la Fiscalía hace algo, que parecería difícil pues ninguno de los involucrados es correísta, el país ya lo tiene claro. Todos aquellos que durante años han hablado de corrupción son los corruptos.

Forman parte de un grupo que, aunque critica la inversión pública y llama vagos a los trabajadores públicos, medra del Estado. Usan sus medios de comunicación o prestigio para gozar de privilegios que no los obtienen producto del trabajo, sino de relaciones clientelares. Se trata de la corrupción que lastra el desarrollo de Ecuador desde 1830.  Ahora han quedado expuestos y la oportunidad histórica radica en nunca más volverlos a escuchar.

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