Nido de ratas en la Contraloría

La fiscal y los medios finalmente tuvieron que soltar el brazo al hijo político predilecto del Trujillato. Ha quedado claro que Pablo Celi montó una red de corrupción en la Contraloría.

El contralor Pablo Celi durante una comparecencia en la anterior Asamblea Nacional.

Cuando Julio César Trujillo actuaba como el hombre más fuerte del país descabezó a todas las entidades de control. A todas menos a una: la Contraloría General del Estado.

Luego de la destrucción del estado de derecho de Ecuador, Trujillo decidió dejar en el cargo a Pablo Celi al frente de la Contraloría. Y además lo blindó: nadie podría destituirlo o reemplazarlo.

No importó que Celi haya sido el número dos por al menos 8 de los 10 años de su antecesor: Carlos Pólit, acusado de formar parte de la trama Odebrecht.

Tampoco se tomó en cuenta el evidente carácter violento de Celi, puesto que hay un célebre video de él rompiendo el documento que lo destituía como subcontralor. Fue una de las últimas acciones que hizo Pólit. De esa forma Celi nunca tuvo un acta que formalice su cargo, por eso las actuaciones de Trujillo fueron vitales.

Con semejante respaldo Celi hizo dos cosas: perseguir sin piedad a la oposición al nuevo régimen y montar una red de corrupción para enriquecerse él y su familia.

Persecución política por todos lados

Hizo de todo, con la venia de Trujillo y sus cómplices (Lenín Moreno, la Asamblea anterior y los medios). Se inventó una auditoría de la deuda externa para asegurar que el país sobreendeudado.

Se metió en la función electoral para evitar que la oposición participe en las elecciones con el movimiento Fuerza Compromiso Social, al que intentó borrar del registro de partidos.

En el interín entre la primera y segunda vuelta electoral, volvió a hacer algo parecido para lograr que Yaku Pérez pase al balotaje y no Guillermo Lasso.  Meses después, el propio Jaime Nebot dijo que Celi lideraba una intentona golpista para desconocer lo expresado en las urnas y proclamarse presidente interino con apoyo de ciertos sectores de la derecha serrana.

Mientras cometía fechorías políticas, Celi se dedicó a desvanecer glosas a cambio de coimas. Ahora se sospecha que estuvo detrás del incendio de la Contraloría, en octubre de 2019, para borrar las evidencias de su corrupción.

Estados Unidos lo supo y montó un juicio en Miami contra su sobrino. La fiscal Diana Salazar también sabía de esto, pero solo actuó cuando Guillermo Lasso ganó las elecciones porque creyó que hacerlo antes era favorecer a la oposición.

La fiscal siempre fue cómplice de Celi, se prestó por ejemplo a la interferencia del proceso electoral o para perseguir a los jueces que otorgaron medidas cautelares a Alexis Mera. Y ahora se rasga las vestiduras, en un show mediático, denunciando que sufre presiones para liberar a Celi, quien está bajo prisión preventiva.

La imagen de Celi, demacrado y preso, es el reflejo de lo que ocurrió en la Contraloría. Puesto que la entidad que debe velar por el correcto uso de los fondos públicos está descabezada.

Contraloría acéfala

Resulta que Valentina Zárate, quien supuestamente estaba al frente de la Contraloría, enfrenta una investigación por usurpación del cargo, lo que incluyó un allanamiento a sus oficinas.

Es que la Contraloría es una joya preciada. Los cómplices de Lenín Moreno hacen todo lo posible por evitar que la entidad caiga en manos de alguien fuera de su círculo.

Semejante acción dejaría en evidencia la persecución política que montaron y hasta donde fueron capaces de llegar.

Frente a eso la Contraloría está acéfala, y la Asamblea no hace nada. Además, en la Comisión de Fiscalización está Fernando Villavicencio, un sicario político que trabajó codo a codo con Celi.

Ese mantra de que los corruptos siempre fueron ellos, en el caso de Celi, es la más nítida de las verdades.

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