La salud pública deja de existir en Ecuador

Pacientes se quejan de que en los hospitales públicos ni siquiera hay catéteres para colocar una vía intravenosa, pacientes que viven con VIH no acceden a sus medicinas y personal sanitario es despedido.

Una sala de cuidados intensivos en el hospital Vicente Corral Moscoso de Cuenca.

El neoliberalismo que arremete en Ecuador se ceba contra la salud pública del país. Lenín Moreno repartió hospitales, la pandemia evidenció la corrupción y Guillermo Lasso pone la estocada final.

Hay testimonios, tanto de hospitales del Ministerio de Salud Pública (MSP) y del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS), que se asemejan a los de Yemen o Afganistán.

Personal sanitario no tiene ni los más elementales insumos como gasa, algodón, solución salina, catéteres, pañales. A los familiares de los enfermos les piden comprar de todo.

El que tiene recursos costea la recuperación de su ser querido. Pero en aquellos casos de personas pobres, el enfermo se queda agonizando en una cama sin el más elemental cuidado humanitario.

Familiares de pacientes deben dormir en los exteriores de las casas de salud por si ocurre alguna emergencia y hay que salir corriendo a comprar medicamentos o insumos.

En la práctica la salud pública o la salud entendida como un derecho humano consagrado en la Constitución ha dejado de existir.

Si una persona no tiene dinero simplemente no puede curarse. Si en Ecuador existiera periodismo o instituciones de defensa de derechos hace rato se habría investigado la situación. Porque a estas alturas es muy probable que ya haya muertos por culpa de la falta de atención médica.

Desde el Gobierno, lo mismo de siempre: visitas a hospitales por parte del vicepresidente Alfredo Borrero. Lo que es un copia y pega a lo que hizo Otto Sonnenholzner en plena pandemia.

La autoridad va al hospital, recorre las bodegas y se toma la foto. Luego Borrero ofrece declaraciones a los reporteros expresando su incredulidad por la situación de la casa de salud. Entonces vienen las promesas de prontas soluciones que no llegan.

Encima despidos

Por si fuera poco, y fiel a lo que dicta el neoliberalismo en cuanto al debilitamiento del Estado, el IESS está despidiendo personal.

Ayer circuló en redes sociales denuncias de despidos en el Hospital General el Sur de Quito, que pertenece al IESS.

Eran médicos de la primera línea en la pandemia, a quienes la Ley Humanitaria prometió contratar de manera permanente. Pero esa norma solo se cumplió en lo que respecta a la disminución de sueldos.

Por otro lado, personas que viven con VIH no reciben sus medicinas en el hospital Teodoro Maldonado Carbo de Guayaquil, también del IESS. El gerente de esta casa de salud, Francisco Andino, dice que solucionar el problema le tomará por lo menos 90 días, lo que pone en riesgo la vida de estas personas.

Cuando ellos dejan de tomar sus pastillas diarias se corre el riesgo de que en el futuro el tratamiento fracase. El daño ya está hecho.

Lo más dramática es que todo el país mira para otro lado. Los medios celebran el éxito de la vacunación contra el COVID-19 y los asambleístas, que son los llamados a fiscalizar, se revuelven en conflictos internos.

Recién la asambleísta de UNES, Victoria Desintonio, pidió ayer explicaciones al IESS sobre los despedidos.

Una devastadora y triste realidad se impone en el Ecuador de 2021: si eres pobre no podrás acceder a una atención médica oportuna. Si no tienes dinero, enfermarse o sufrir un accidente podría ser una sentencia de muerte.

Una respuesta a «La salud pública deja de existir en Ecuador»

  1. Guillermo Lasso, un perfecto representante del deshumanizado NEOLIBERALISMO, se escuda en que la vacunación es un «éxito» y se toma como punta la lanza para justificar su pobre gestión administrativa consagrada a encubrir la continuidad de la corrupción implementada por Lenin Moreno, hoy un prófugo más.

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