El desgobierno de Lasso representa la mayor amenaza al legado político de Nebot

La falta de gestión de Guillermo Lasso para controlar la ola delictiva que tiene su epicentro en Guayaquil amenaza el modelo exitoso defendido por Jaime Nebot.

Nebot Lasso
Jaime Nebot y Guillermo Lasso en le sesión solemne por la independencia de Guayaquil, el pasado 9 de octubre de 2021.

Jaime Nebot, líder del Partido Social Cristiano (PSC), sacó pecho cuando habla del “modelo exitoso” instaurado por la alcaldía de León Febres Cordero y que él continuó durante casi 20 años en el mismo cargo. 

Aunque Febres Cordero inició la historia de cambio en Guayaquil, fue Nebot quien lo profundizó. Se puede debatir si el modelo es o no exitoso, pero para los militantes del PSC es el principal legado de su líder. Es la carta de presentación cada vez que se presentan a unas elecciones.

Los 10 años de correísmo nunca significaron una amenaza real para ese modelo, por más críticas que hiciera Rafael Correa en sus sabatinas. Mas bien, ambos líderes desarrollaron una relación simbiótica en la que su rivalidad los engrandecía.

Así, el guayaquileño promedio votaba Correa para presidente y Nebot para alcalde. Mientras el Gobierno Nacional construía el Parque Samanes, el puente a la isla Santay, hospitales y escuelas, el Municipio acentuaba su modelo.

El crecimiento de Guayaquil puso a soñar a sus autoridades locales. La ciudad podría promocionarse en el extranjero como destino turístico, especialmente de convenciones, el más jugoso económicamente hablando. Para ello podría aprovechar su creciente infraestructura hotelera. 

Titulares nefastos en la prensa internacional

Ahora ese sueño se ha esfumado. Guayaquil es titular a nivel internacional por la ola de violencia, por las masacres carcelarias, por el aumento de muertes violentas y por el asesinato de Álex Quiñónez. ¿Qué organizador de eventos podría escoger a la ciudad para albergar congresos o conferencias? Si hasta los invitados de la Comicon han desistido venir por el peligro.

Frente a eso el Gobierno no atina una. Pasó un día en una discusión estéril contra la Corte Constitucional por si los militares podían o no entrar la cárcel de la ciudad, lo que finalmente ocurrió.

Tras la última masacre, el presidente se reunió con el arzobispo de Guayaquil. Y el gobernador Pablo Arosemena luce perdido cada vez que se le pregunta por la situación de seguridad. 

Lo último fue pedir asesoría a Colombia, un país que evidentemente ha fracasado en contener la violencia producto del narcotráfico que padece desde hace años.

Lo cierto es que la Policía no tiene recursos; hay vehículos y UPC abandonados. Los guías penitenciarios son insuficientes. Para paliar la inseguridad hace falta dinero, mucho dinero, que ayude a fortalecer la posición del Estado, no solo en cuanto a fuerza pública sino también en lo que a servicios y derechos se refiere.

Pero el gobierno de Lasso es incapaz de tomar medidas de este tipo (lo suyo solo son enunciados vacíos) ya sea por desconocimiento o por ideología (creen que el Estado no sirve para nada).

Panorama pesimista

Ante ese panorama es previsible que la crisis de seguridad empeore y en cuestión de meses Guayaquil podría convertirse en la ciudad más peligrosa de Sudamérica, como lo fue la Medellín de Pablo Escobar.

Semejante posición destruirá el legado político del PSC y Nebot. Un sitial así borraría lo que la militancia socialcristiana se esfuerza por mostrar como su principal logro.

El dilema de Nebot y los suyos es que el hombre al que apoyaron en las últimas elecciones podría convertirse en el sepulturero de su principal obra política

A Guayaquil ya no le queda mucho tiempo. Las burbujas de seguridad caen a diario y los crímenes se vuelven más atroces con el paso de los días. Es por ello que urge decisiones patrióticas y cívicas por parte de Nebot y el PSC.

No pueden cometer el mismo error que con Moreno. Sostener al expresidente costó que a Guayaquil se conociera en el extranjero como la “Wuhan de Latinoamérica”. Lo mismo ocurre con Lasso que parece una copia exacta de su antecesor. 

Guayaquil y el país demandan patriotismo de Jaime Nebot y del PSC. De lo contrario, el esfuerzo hecho durante casi 30 años irá al tacho de la basura.

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