El mundo aísla a África por pobre y negra

El surgimiento de omicron evidencia las desigualdades mundiales. Mientras el Norte acapara vacunas e inyecta la tercera dosis a sus ciudadanos, en África las inmunizaciones no llegan.

Un sudafricano se somete a una prueba PCR del Covid-19 el pasado 30 de noviembre de 2021.

La pandemia es sin duda la crisis de los millennial, una generación que por años se acostumbró a la bonanza y a las posibilidades de alcanzar cosas materiales o hacer viajes. Son ventajas que para sus padres eran impensables.

Pero en marzo de 2020 llegó la pandemia de Covid. Ya han transcurrido casi dos años bajo la cotidianidad de mascarillas, distanciamiento y cuidados.

Si algo ha demostrado esta crisis es que se vive distinto en los países pobres. Y es que la pandemia se convirtió  en eso: una enfermedad de pobres.

Solo basta observar lo que ocurre en África. Con menos del 5% de su población vacunada, los países del sur de este continente han quedado aislados del resto del mundo.

El pretexto ha sido la variante ómicron que los científicos de Sudáfrica descubrieron. Pero eso no significa que se haya generado allí. Más bien Países Bajos reconoció que esta variante ya circulaba por su territorio mucho antes del anuncio de los sudafricanos.

Pero los hechos no bastan sino los prejuicios. Supuestamente una nueva variante del Covid-19 había surgido en la rezagada África y eso fue suficiente para el pánico. Hay pavor en el mundo capitalista, en los mercados bursátiles, en las proyecciones de los futuros de crudo y de otras materias prima. 

¿Qué hizo el mundo desarrollado para proteger su salud, tanto de sus habitantes como de su economía? Impuso un «cordón sanitario» para aislar a los “causantes” del problema, pese a que la Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió que esa medida no serviría de nada. 

De esta manera Africa y casi una docena de países de este continente ahora están a su suerte, y sin vacunas. Porque el Norte las acapara y se apresta a inyectar a su población una tercera dosis cuando medio mundo no ha recibido ni una.

Desigualdades alargan la pandemia

La alarma real debería ser esa: que todo un continente tenga muchas menos vacunas que otras zonas del planeta. Es que en Botswana hay gente que nunca ha visto una aguja de una dosis contra el Covid. 

En contraparte están los países ricos como Estados Unidos que compró tantas vacunas que ya no sabe que hacer con ellas. Mientras que los europeos tienen dosis pero los suyos no quieren vacunarse.

Así que en lugar de condenar a los no vacunados, el mundo aísla a los pobres y negros. Se condena a Sudáfrica, al único país que quizás está haciendo la vigilancia del virus y que emitió alertas a tiempo.

Por ello, lo que realmente debería preocupar es que mientras los más pobres no tengan acceso a vacunas, surgirán más y peores variantes por lo que la pandemia continuará. El virus deja lecciones a la humanidad y los gobiernos están a tiempo de aprenderlo.

Para eliminar prejuicios esto es lo que la ciencia conoce sobre ómicron, para tomar en cuenta pero sin entrar en pánico:

  • La variante tiene más de 30 mutaciones y muchas de ellas serían más transmisibles que la variante delta o la cepa original de Wuhan.
  • Quienes han contraído ómicron presentan síntomas leves y más de la mitad de casos en Sudáfrica era en pacientes no vacunados.
  • Aún la OMS no concluye si efectivamente ómicron es más letal o si las vacunas pierden su eficacia
  • En un lapso de dos semanas los principales laboratorios, fabricantes de las vacunas, tendrán un análisis clínico sobre la eficacia de sus dosis con respecto a la nueva variante.
  • Muestras clínicas indican que la nueva variante ya estaba presente en Europa incluso antes de que surja en Sudáfrica. 
  • Ls mejores armas contra el virus siguen siendo las mascarillas, el distanciamiento social y la vacunación masiva.

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