Un viaje de más de 15.000 kilómetros con escasos resultados

El presidente Guillermo Lasso emprendió un viaje a China que se caracterizó por reuniones virtuales, un fugaz encuentro con Xi Jinping y sin resultados en firme.

El presidente Guillermo Lasso durante su arribo al país procedente de Colombia el pasado 27 de enero de 2022.

Desde inicios de 2022 el Gobierno promocionaba el viaje del presidente Guillermo Lasso a China. El principal objetivo, llegó a decir el canciller Juan Carlos Holguín, era renegociar la deuda con el país asiático.

Pero visto los resultados de la gira, lo que realmente fue a hacer Lasso es asistir a la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno de Beijing. Es que al presidente el protocolo, la pompa y los eventos lo cautivan.

Si disfrutó tanto la fiesta de los marines estadounidenses que se ofreció en Guayaquil mientras los presos se masacraban, cómo se iba a negar a ir a la inauguración de unas olimpiadas. Más aún en una potencia mundial y con invitados exclusivos por el Covid-19.

Es que Lasso cree que es un jefe de Estado al estilo europeo, donde ese cargo se limita solo al protocolo, porque quien realmente manda es el jefe de gobierno. Por eso es que se atreve a dejar un país azotado por la inseguridad y las lluvias.

Casi la mitad del gabinete acompañó a Lasso al viaje, incluida la primera dama. Gran parte de ellos cruzaron medio mundo a bordo del avión presidencial, que el mandatario ofreció vender porque según él era muestra del “derroche correísta”.

La primera actividad pública fue una “reunión virtual” con directivos de Sinovac, el laboratorio chino que elabora vacunas contra el Covid-19. Aquella reunión incluyó un “paseo virtual” por las instalaciones de la empresa. Como muestra del ridículo quedan las caritas de los ministros en una pantalla mientras observan imágenes de la planta que publicó Julio José Prado, titular de Producción.

Al siguiente día Lasso mantuvo un encuentro con empresarios chinos. El gobierno nunca lo confirmó pero esa reunión también fue virtual porque en el video oficial solo se observa al presidente hablando, sin que aparezca el auditorio o los inversionistas. Es que ya habían estallado las burlas en redes sociales y se tenía que cuidar el encuadre.

Al día siguiente fue el evento más esperado por Lasso: la inauguración de las olimpiadas. De eso en cambio no hubo ninguna foto ante el peligro de que los ecuatorianos vayan a creer que su presidente viajó con fondos públicos a una fiesta.

Un encuentro fugaz

Los presidentes Guillermo Lasso y Xi Jinping durante su breve encuentro.

El presidente chino Xi Jinping, del que Lasso ni siquiera puede pronunciar bien su nombre, ofreció una cena para los mandatarios visitantes. Luego conversó brevemente con cada uno de ellos por eso que es apenas hay una foto de ambos presidentes de pie. En ninguna imagen aparecen dialogando sobre los temas que la diplomacia ecuatoriana había promocionado.

Lo que se sabe es que el presidente banquero, que alguna vez definió al país asiático como “imperio chino”, felicitó a Jinping por los 100 años de vida del Partido Comunista Chino. Así lo indica la nota oficial del encuentro.

La única reunión de trascendencia fue la reunión con el primer ministro chino Li Keqiang. De esto sí hay fotos y se observa la típica entrevista de trabajo bilateral.

Así Lasso se regresa apenas con un resultado en firme: la donación de China de 2,5 millones de vacunas contra el Covid-19. Del resto todo es promesa: promesa de que se negociará un acuerdo de libre comercio y promesa de que se renegociará la deuda externa.

Supuestamente los viajes presidenciales se dan solo cuando las delegaciones han llegado a un acuerdo o están a punto de hacerlo. Y a los mandatarios solo les resta rubricar lo negociado.

Lo que evidencia el fiasco del viaje a China es un rasgo de la personalidad del Presidente: que el protocolo lo mueve, incluso hasta el punto de abandonar sus funciones más esenciales, puesto que viajó el mismo día que Quito sufría el peor desastre natural de los últimos 50 años.

La pompa, el homenaje, la invitación, los honores militares cautivan al presidente y eso es propio de personas que sufren complejos, que en el caso de Lasso, el dinero no mitigó. Ahora espera que el cargo lo haga. El problema es que Ecuador sufre los costos de su «tratamiento sicológico».

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